#danza, Ballet, documental, libros

Apollo’s Angels – Conclusiones

Portada de Apollo’s Angels, se muestar con fines ilustrativos

Con esta tercer parte finalizo mis comentarios sobre el libro Apollo’s Angels, a history of ballet, de Jennifer Homans. Las primeras partes pueden consultarse en reseña y crítica.

Homans concluye que el ballet es un arte en decadencia, contaminado por lo contemporáneo y donde no se crea nada nuevo y los coreógrafos se aferran a obras de siglos atrás. Difiero completamente y encuentro contradictorio el no ver con buenos ojos lo contemporáneo y al mismo tiempo quejarse de presentar obras del pasado.

Si algo quedó de manifiesto durante la historia del ballet, es que a pesar de ser “clásico” y de “tradición” donde hay elementos que se han mantenido inamovibles durante siglos, hay otros elementos que han cambiado: Pasos nuevos, el pasar de salones de sociedad a teatros, de ser número entre actos de ópera a ser espectáculo completo, el uso de pantomima, saltos, giros. La introducción de zapatillas de punta. El cambio de los papeles de hombres y mujeres. Todo ha sido una evolución. Hoy en día distinguimos si una obra es clásica o contemporánea, pero es bastante probable que en un momento dado no haya sido tan clara esa línea, o lo que se consideraba contemporáneo, ahora lo vemos como clásico. No se puede separar de la historia de la danza clásica el papel de la moderna, contemporánea, neoclásica y todas las derivaciones.

¿Está bien seguir presentando obras de hace 100 años o más? Si, por algo son clásicas, porque gustan y son parte del legado y vale la pena mantenerlas en repertorio.

Por otro lado, concluyo que el ballet siempre ha sido patrocinado, nunca ha existido de manera independiente, posiblemente a excepción de los Ballets Rusos de Diaghilev, donde él mismo fungía como mecenas. En Francia antigua y moderna, Dinamarca, Rusia zarista y socialista, Inglaterra, Estados Unidos … Siempre ha estado patrocinada por el estado o por particulares, quienes han marcado el tema de las danzas. Frecuentemente se menciona a la URSS como ejemplo del país que imponía temáticas, pero incluso en la Francia revolucionaria, quien tenía el poder temporalmente era quien dictaba los temas. De igual forma en Estados Unidos donde los patrocinios son más bien de particulares y es a quien hay que dejar contentos presentando la temática que les interesa.

Finalmente agregaré que la idea de nombrar a Balanchine como el coreógrafo que finalmente acercó la danza al pueblo, alejándola de temas de nobleza que no son del interés de la gente común y corriente, yo diría que si acaso, ese privilegio le correspondería a Maurice Béjart, quien realizó obras con música del gusto popular como Queen y Edith Piaf, así como la Novena Sinfonía de Beethoven, planeada para presentarse en arenas deportivas. Espectáculos multitudinarios donde acercó al público tanto a la música clásica como a la popular/comercial uniéndola con la danza.

Apollo’s Angels
Jennifer Homans
Random House
Nueva York, 2010
643 pp

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Apollo’s Angels – Crítica

Detalle de Apollo’s Angels. Se muestra con fines ilustrativos.

En la entrada anterior di la reseña general del libro Apollo’s Angels, a history of ballet, de Jennifer Homans. En esta segunda parte daré mi crítica.

En general el libro tiene un estilo muy ligero, en ocasiones se siente incluso en tono de chisme cuando se trata de dar detalles personales de los protagonistas de la historia del ballet. Hay descripciones bastante interesantes de algunas obras, en las que se da un análisis con interpretaciones en las que nunca hubiera pensado. Por momentos me queda la duda de si esa interpretación es de la autora o es la intención que originalmente se le dio a dichas obras.

Los primeros capítulos me parecen muy interesantes pero mi decepción inició con el capítulo de la URSS. Con él comienzo a ver una tendencia y no puedo evitar preguntarme que tan objetiva es Homans y qué tanto se deja llevar por motivaciones personales. Señala que la URSS creó los mejores bailarines pero acabó con el ballet. Agrega que las obras hechas con temas previamente autorizados por el gobierno solo pueden ser del gusto de los soviéticos pero no tienen éxito en occidente. Critica ampliamente a Yuri Grigorovich y sobre todo su Espartaco. Sin embargo hoy en día Grigorovich es una leyenda viviente y Espartaco una obra que sigue presentando el Bolshoi en sus giras mundiales, lo que indica que es del gusto aún fuera de Rusia. Al hablar de Romeo y Julieta dice que es el West Side Story soviético. Comparación extraña ya que el ballet (ruso) precede al musical (neoyorquino) A menos que lo diga para que un americano sin gran conocimiento de ballet tenga un punto de referencia.

En la segunda mitad del siglo XX, muy de pasada menciona a Roland Petit. A Maurice Béjart lo nombra con cierto desdén limitándose a un par de párrafos y en una fotografía de Jorge Donn (sin señalar al bailarín) describe a Stimmung de Béjart como “sexo, sudor y pretensión disfrazados de arte”. William Forsythe y John Neumeier son mencionados una sola vez y a pie de página.

Al llegar a los capítulos de Estados Unidos veo aún más una tendencia marcada. Señala a Antony Tudor, Jerome Robbins y George Balanchine como los pilares del ballet americano. Presenta al ballet estadounidense con un discurso de nacionalismo, padres fundadores, igualdad, crear obras con temas importantes, acercar la danza al pueblo, alejarlo de alta sociedad y las cortes francesas. Irónicamente Tudor era británico y se cambió el apellido para sonar más aristocrático. Robbins era neoyorquino descendiente de inmigrantes rusos y cambió su nombre para sonar más americano. Balanchine era ruso y cambió su nombre a algo más occidental.

Incidentalmente menciona a Martha Graham y a Merce Cunninham. A Jirí Kylián lo señala como un “aparente pero falso heredero de Tudor”, pues rechazó tomar sus obras después de su muerte. En general veo rechazo de Homans por todo lo que es danza moderna / contemporánea. Si está escribiendo sobre ballet, tal vez está delimitando el ballet clásico, en cuyo caso hubiera sido interesante indicar que criterios toma. Por ejemplo los Ballets Rusos de Diaghilev y las obras de Nijisnky eran mal vistas en su época y se consideran más modernas que clásicas. Robbins es más conocido por su trabajo en teatro musical a lo que Homans dedica varias páginas para describir con detalle sus obras.

La parte cumbre del libro es Balanchine y su trabajo en Nueva York. Muchas páginas dedicadas a su obra y persona, indicando cómo revolucionó el ballet al introducir estilos que no se usaban ¿no se desvía también de la danza clásica? Señala a su compañía como un ejemplo, pues incluía a bailarines negros (no menciona el trabajo de Alvin Ailey) El libro finaliza con la muerte de Balanchine y las palabras “El legado de Balanchine fue inmenso. Le dio al mundo la mayor obra en la historia de la danza […] Salta al pasado vía Ruisa y Petipa, a Luis XIV y a los antiguos griegos […] Ha restaurado su lugar [de la danza] como entretenimiento fino, arte sensual e ideal olímpico”

Pareciera que las 550 páginas del libro y los 350 años de historia solo existen para llevarnos a la figura de Balanchine en un pedestal en el Monte Olimpo y después de él no hay nada. Incluso el título está influenciado por él, pues acostumbraba llamar “ángeles” a las bailarinas. No es de sorprender que en el índice temático sea la persona que más entradas tiene.

En el epílogo, Homans dice que los ángeles de Balanchine han caído (ya no son de Apolo) y el ballet está en decadencia. Agrega: “la coreografía contemporánea vira sin rumbo entre imitación sin imaginación e innovación estridente” Me parece una triste conclusión para un trabajo que le tomó 10 años. Sin embargo, en la introducción deja entrever el rumbo que tomará.

En la publicación anterior mencioné que en la introducción escribe algunas cosas que a primera vista no puse mucha atención, pero cobran importancia al leer todo el trabajo. Es precisamente su postura ante Balanchine y la opinión de que el ballet es un arte fuera de moda y a la antigua lo que deja ver desde ver el principio. Pareciera que es su tesis inicial y con el epílogo demuestra a lo que quería llegar.

En la tercera y última parte publicaré mis conclusiones.

Apollo’s Angels
Jennifer Homans
Random House
Nueva York, 2010
643 pp

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Apollo’s Angels – Reseña

Portada de Apollo’s Angels. Se muestra con fines ilustrativos.

Jennifer Homans fue bailarina antes de convertirse en crítica de danza (principalmente en publicaciones de Nueva York) y obtener un doctorado en historia de la Europa moderna por la Universidad de Nueva York. En 2010 publicó Apollo’s Angels, a history of ballet, un libro de 643 páginas que cubre la historia del ballet desde sus orígenes en la corte francesa hasta algunos coreógrafos de Estados Unidos a mediados y fines de siglo XX.

La obra es un libro muy grande profusamente documentado (550 páginas de texto, 62 de notas y el resto de referencias e índice temático) cubriendo aproximadamente 350 años. Por la extensión he decidido dividir la reseña en partes.

En la introducción da la explicación del título: Apolo, dios griego de la belleza, hermano de Afrodita, relacionado con las artes, jefe de las Musas. Por otro lado los ángeles representando el deseo de los bailarines de volar y ascender hasta Dios. Un título un tanto ambicioso pues implica que los bailarines son los ángeles del dios de la belleza. En la introducción hace mención de algunos conceptos que a primera vista no me llaman tanto la atención, pero después de terminar el libro y regresar a la introducción, marca desde el principio la dirección que tomará (de esto hablaré en la segunda parte)

A lo largo de 12 capítulos distribuidos en dos partes Homans nos va guiando por la historia del ballet, primero en Europa Occidental: Francia, Italia y Dinamarca. Posteriormente en Rusia, Inglaterra y Estados Unidos.

En Francia vemos cómo el ballet pasa de ser un baile de corte surgido para mostrar buenas costumbres a una actividad teatral. El ballet podía ser el boleto de entrada (o salida) de la corte. Después de la Revolución Francesa las obras solo podían hablar del triunfo de la misma y en contra de la monarquía. Con la llegada de Napoleón se instaura el uso de uniformes en la enseñanza de la danza (herencia de la costumbre militar de Napoleón)

En Italia, último estado europeo en consolidarse como país, se agregan elementos de la comedia del arte y comienzan a integrarse pasos mas rebuscados y “circenses”: saltos, giros, posturas poco naturales del cuerpo que en su momento se veía contra las buenas costumbres y hoy se relaciona indiscutiblemente con el ballet. Las guerras en Italia provocan un sentido de nacionalismo en el que el ballet queda relegado y gana más popularidad la ópera.

Frecuentemente no se considera a Dinamarca como un país con tradición de danza, sin embargo tiene importancia dentro de la misma y su tradición ha permanecido prácticamente intacta hasta nuestros días. El escritor Hans Christian Andersen quiso ser bailarín profesional, como sabemos, no sucedió, pero se mantuvo toda su vida muy relacionado con el mundo del ballet.

Es la época de los ballets fantásticos, cuentos de hadas y seres mitológicos, muchos protagonistas del mundo de la danza en la época se identificaban con los seres fantásticos y las descripciones que hace el libro hace dudar de su sano juicio, pues buscaban en la vida real sus ondinas y sílfides.

El texto tiene algunas fotografías donde me llama de manera especial la atención las zapatillas de punta de María Taglioni (idénticas a las actuales) que son muy parecidas a los zapatos de calle que utilizaban las mujeres, no parecían zapatos especiales como hoy en día, sino calzado regular.

La escena llega a Rusia imperial, en San Petesburgo se trata de imitar París por lo que se llevan coreógrafos y bailarines franceses. Rusia se formaba por feudos, por lo tanto las tierras y siervos eran propiedad del feudal. Mismo caso con los bailarines. Hay un apogeo de teatros que eran patrocinados por el señor de cada tierra. Hay disputas sobre si la danza debe ser afrancesada o rusificada para hacerla algo totalmente nacional.

Llega la Revolución Rusa, los Ballets Rusos de Diaghilev están de gira por Europa (nunca se presentaron en Rusia) muestran una Rusia exótica, que es lo que occidente quería ver, no necesariamente bailes tradicionales, pero revolucionan el ballet al hacerlo un espectáculo de talla internacional. Nuevamente hay cambios de estilos, coreografías de Fokine y Nijinsky haciendo cosas diferentes a lo acostumbrado. Hay a quien le gusta y hay a quien no le gusta.

En la época de la URSS se lleva el centro de poder y cultural a Moscú como un movimiento de quitarle poder a San Petesburgo que representaba a los zares. Siempre tuve curiosidad por el cambio de nombre del Teatro Mariinsky a Kirov y de nuevo a Mariinsky tras la disolución de la URSS. Se menciona que Kirov era el militar a cargo de San Petesburgo (en esa época Leningrado) que fue asesinado por Stalin. En su “honor” Stalin mandó cambiar el nombre del teatro. En esta época se sistematiza la enseñanza de la danza, con lo que actualmente se conoce como la técnica rusa o Vaganova. Se hacen obras a pedido del gobierno con temas autorizados por el gobierno.

Durante la Segunda Guerra Mundial Inglaterra comienza a cobrar fuerza dentro del mundo del ballet y se instaura el Royal Ballet, el cual es relativamente nuevo si se compara con los ballets de Francia y Rusia. En Estados Unidos la escena dancística cobra fuerza sobre todo en Nueva York, se forman teatros privados patrocinados por empresarios que dictan los temas de los bailes. Durante la guerra fría existe también una lucha para probar quien tiene la mejor posición en la escena mundial del ballet.

A grandes rasgos esto es lo que cubre el libro, hablando de la parte histórica. En la siguiente entrega haré mi crítica que se centra sobre todo en el siglo XX.

Apollo’s Angels
Jennifer Homans
Random House
Nueva York, 2010
643 pp

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