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Enemigo del Pueblo

Henrik Ibsen publicó Un Enemigo del Pueblo en 1882, estrenándose el 13 de enero de siguiente año. Una obra que 137 años después de su presentación sigue estando vigente.

Bajo la dirección de David Gaitan, La Compañía Nacional de Teatro presenta Enemigo del Pueblo, versión de Gaitán de la obra de Ibsen. la temporada en el Teatro Julio Castillo está por concluir el 19 de enero.

En el vestíbulo del teatro y al comenzar la función, el público es instruido a disparar unas pistolas de burbujas siempre que se cumpla una condición en escena. Solo una parte de la audiencia participa activamente en esta dinámica, pero los demás como observadores también se llevan algo de la experiencia. No entraré en más detalles sobre el uso o significado de las burbujas, es una sorpresa que debe tener el espectador.

La historia transcurre en un poblado donde un balneario recién abierto trae riqueza al lugar, sin embargo el doctor Stockmann descubre contaminación en las aguas y pide cerrarlo mientras se remedia la situación. La resistencia será impresionante: el gobierno, la prensa “imparcial” que inclina la balanza de un lado a otro a conveniencia, incluso su familia.

Se verán las trampas del gobierno, la prensa manipulante que se hace llamar “la voz del pueblo”, el típico sonsonete de si se hace lo que dices perderás todos tus ahorros. Ese temor que tanto se le mete al pueblo de perderás todo si haces algo que cambie el statu quo.

En la escenografía, a cargo de Alejandro Luna se ve constantemente una mancha de luz en la pared, solo se apaga un momento después de tronar un cohete que apaga unos micrófonos de espionaje. Esa luz pareciera un ojo que lo vigila todo.

Lo privado se hace público, hay micrófonos escuchando al doctor, la correspondencia es interceptada sin reparo, a la gente en la plaza pública se le ordena retirarse o no y leer en el templete papeles personales. En el programa de mano se indica también la “administración de la plataforma pública” Estar observados todo el tiempo con el temor de hacer o decir algo que contradiga a la mayoría. Una línea de la obra dice algo así como que al ser mayoría los idiotas que hay en el mundo, no significa que estén en lo correcto. El que dice la verdad que incomoda a la mayoría puede ser reducido a nada por los que se sienten atacados.

La censura disfrazada de estar siendo ofendido, de ser políticamente correctos, criticar a alguien más escondiéndose en la masa, en el anonimato ¿atrás de una computadora juzgando el mundo en redes sociales? Ser juez y parte: juzgar a otros, en la vida pública conducirse por el camino correcto cuando en privado se tiene el mismo comportamiento o peor incluso que a quien juzgamos.

Al evitar incomodar a otos y seguir la corriente mientras “protegemos nuestros intereses” nos convertimos en marionetas. El changuito que no oye, no ve, no habla. Sin voz propia.

Algo interesante es que aparentemente para el público la violencia contra la mujer es reprobable pero no contra los hombres ¿Es por que la corriente marca eso y no hay que contradecirlo?

Enemigo del Pueblo
De Henrik Ibsen
Compañía Nacional de Teatro Versión y Dirección: David Gaitán
Iluminación y escenografía: Alejandro Luna
Actuaciones: Miguel Cooper, Ana Paola Loaiza, Luis Rábago, Antonio Rojas, Amanda Schmelz, Alan Uribe Villarruel
Duración aproximada: 1:30 horas

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